jueves, 8 de agosto de 2013

REUNN DE VOCES®

Revista literaria virtual Nº 15



Editorial

¿Como empezar este editorial sin un buen tinto malbec roble mirándome de reojo?
No tomo sola. Tomo con mis sueños, con mis amigos, con una buena charla.
Esta llave roja abre caminos y corazones. Encuentra esa palabra que nos falta. Nos lleva a la puerta del compartir y disfrutar. Arracima en buenos frutos. Corteja todos los sentidos.
Hay vinos de fiesta, copa en alto, encendiendo la vida.
Los hay amargos rastreando el olvida, ahogando las penas.
Incluso los hay nostálgicos y llenos de secretos.
Más allá de eso, es como poner un sol en la boca, un verso en los ojos, un perfume en la piel.
¡Cuantos poemas se han escrito a este poema de uva y viento!
Aquí van solo unos pocos…. Catalos….


                                                                        Gabriela Delgado


EL VINO



Los clásicos


El vino triste

Ese hombre que entra al bar,
sin sombra que le ladre,
ese que pisa y pasa sin rostro
y sin señales.

Pide su trago solo,
de espaldas a la calle,
bebe su trago solo,
inmóvil, devorándose.

Paga, piensa otro trago
sin gastar ni una frase
y luego se va solo,
hacia la noche y nadie.

Ese tipo va herido,
ese tipo va herido,
y la muerte lo sabe.

                    Armando Tejada Gómez (Argentina)


El alma del vino

 

Cantó una noche el alma del vino en las botellas:
«¡Hombre, elevo hacia ti, caro desesperado,
Desde mi vítrea cárcel y mis lacres bermejos,
Un cántico fraterno y colmado de luz!»
Sé cómo es necesario, en la ardiente colina,
Penar y sudar bajo un sol abrasador,
Para engendrar mi vida y para darme el alma;
Mas no seré contigo ingrato o criminal.
Disfruto de un placer inmenso cuando caigo
En la boca del hombre al que agota el trabajo,
y su cálido pecho es dulce sepultura
Que me complace más que mis frescas bodegas.
¿Escuchas resonar los cantos del domingo
y gorjear la esperanza de mi jadeante seno?
De codos en la mesa y con desnudos brazos
Cantarás mis loores y feliz te hallarás;
Encenderé los ojos de tu mujer dichosa;
Devolveré a tu hijo su fuerza y sus colores,
Siendo para ese frágil atleta de la vida,
El aceite que pule del luchador los músculos.
Y he de caer en ti, vegetal ambrosía,
Raro grano que arroja el sembrador eterno,
Porque de nuestro amor nazca la poesía
Que hacia Dios se alzará como una rara flor!»

                       Charles Baudelaire (Francia)


 Coplas del vino

Nervioso, pero sin duelo
A toda la concurrencia
Por la mala voz suplico
Perdón y condescendencia.

Con mi cara de ataúd
Y mis mariposas viejas
Yo también me hago presente
En esta solemne fiesta.

¿Hay algo, pregunto yo
Más noble que una botella
De vino bien conversado
Entre dos almas gemelas?

El vino tiene un poder
Que admira y que desconcierta
Transmuta la nieve en fuego
Y al fuego lo vuelve piedra.


El vino es todo, es el mar
Las botas de veinte leguas
La alfombra mágica, el sol
El loro de siete lenguas.


Algunos toman por sed
Otros por olvidar deudas

Y yo por ver lagartijas
Y sapos en las estrellas.

El hombre que no se bebe
Su copa sanguinolenta
No puede ser, creo yo
Cristiano de buena cepa.

El vino puede tomarse
En lata, cristal o greda
Pero es mejor en copihue
En fucsia o en azucena.

El pobre toma su trago
Para compensar las deudas
Que no se pueden pagar
Con lágrimas ni con huelgas.

Si me dieran a elegir
Entre diamantes y perlas
Yo elegiría un racimo
De uvas blancas y negras.

El ciego con una copa
Ve chispas y ve centellas
Y el cojo de nacimiento
Se pone a bailar la cueca.

El vino cuando se bebe
Con inspiración sincera
Sólo puede compararse
Al beso de una doncella.

Por todo lo cual levanto
Mi copa al sol de la noche
Y bebo el vino sagrado
Que hermana los corazones.

                     Nicanor Parra (Chile)



 Mientras bebo solo a la luz de la luna
.
Un vaso de vino entre las flores:
bebo solo, sin amigo que me acompañe-
Levanto el vaso e invito la luna:
con ella y con mi sombra seremos tres.
Pero la luna no acostumbra beber vino,
y mi perezosa sombra sólo sabe seguirme.
Festejemos, con mi amiga luna y mi sombra esclava
mientras aún es primavera.
En las canciones que entono vibran rayos lunares;
en la danza que ensayo mi sombra se aferra y deshace.
Los tres juntos, antes de beber, holgábamos;
ahora, ebrios, cada cual va por su lado.
¡Regocijémonos muchas horas todavía,
en nuestro festín inanimado,
para encontrarnos al fin el Río de las Nubes!


                                     Li Po (China)





Poema del vino.
Silencioso en el umbral de todas las puertas
el ángel rojo del vino espera.
Y espera al principio de todos los caminos,
en las más perdidas calles de lejanas ciudades,
en todos los trenes tomados de improviso,
bajo todas las viejas lunas cantadas
por los viejos poetas, con una copa en la mano.
Espera,
con la llave de las casas donde aun no hemos
llegado y que siempre esperamos ver abrirse.
Tras el oleaje manso de las colinas en invierno
el ángel del vino vela el sueño
de las cunas verdes de las vides que el viento mece.
Y cuando lo encierran bajo tierra
su sueño de resurrección
llena la copa que alzaremos en la Fiesta
y se une al nuestro.
Y de nuevo es verano en el mundo y aparece el noble tiempo
de los pájaros contemplados por los solitarios
en las cantinas de las aldeas
y los vagabundos y los desterrados
pueden leer la escritura de las nubes y los árboles.
Porque han vuelto los antiguos cortejos de los
alegres dioses,
y para nosotros vuelve el día
donde la primera copa de vino llegó a nuestros labios
junto a los alimentos ofrecidos por padres y amigos
y extendidos sobre la florida mesa de la tierra
a quien bendecía la clara mirada del vino.

                          Jorge Teillier (Chile)


Qasida Báquica

Evocando con vino al Amado, bebimos hasta embriagarnos
cuando aún la viña estaba por crear.
De la copa, luna llena que, cual sol, el creciente circunda...
¡Cuán copiosas surgen en su unión las estrellas!
Mas, si no fuese por lo intenso de su perfume, a su taberna no me hubiera encaminado,
y si no fuese por su resplandor, mi imaginación no lo hubiera concebido.
De él no conservo el Tiempo sino su última bocanada,
como si al evaporarse se hubiera escondido en el seno de la mente.
Con sólo mencionarlo en la tribu, las gentes se embriagan,
sin por ello acarrear la vergüenza o el pecado.
Ascendió desde las entrañas de las jarras,
y en verdad sólo quedó su nombre.
Si algún día vibra en el ánimo de alguien,
se le apoderará la alegría, al tiempo que se le aparta el pesar.
Para que los comensales se embriagaran,
les bastaría con contemplar el sello de su vasija.
Si salpicasen lo que contiene, hasta empapar la tumba de un muerto,
éste recobraría su espíritu, al tiempo que su cuerpo resurgiría.
Si al moribundo dejaran a la sombra de sus viñedos,
sanaría sin duda, abandonándolo el mal.
Si al inválido trajesen a sus bodegas, en ellas andaría;
tanto como al solo recuerdo de su sabor, el mudo hablaría.
Si se extendiera su aroma por el Oriente,
quien perdió su olfato lo recobraría por Occidente.
Si al tocar la copa, se tiñera alguien las manos,
hallaría al anochecer las estrellas en sus palmas.
Si en secreto se manifestara al ciego, al día siguiente vería,
y el sordo llegaría a oír oyendo su rumor.
Si un grupo de jinetes cruza la tierra de sus viñedos,
y alguien sufre una picadura mortal, nada le ocurrirá.
Si sobre la frente del doliente escribe el hechicero las letras de su nombre,
hace que el dibujo le sane.
Si en el estandarte de un ejército su nombre es bordado,
embriaga a todos quienes bajo él marchan.
Forja los caracteres de los compañeros,
y en el abúlico infunde resolución.
Hace liberal a quien su mano la largueza desconoce,
e indulgente a quien ignora el perdón.
Si el tonto del pueblo besa su tapadera,
tal beso le ofrece la más preciadas virtudes.
Dicen: “descríbelo tú, que eres maestro en hablar de él”,
pues bien, eso hice, por estar en ello versado:
Puro, sin ser agua; suave, sin ser aire;
luz, mas no fuego; espíritu y no cuerpo.
A todo lo creado precede eterno su discurso;
allí donde ni forma ni traza había.
Gracias a sus virtudes, y después de que el olvido lo impidiera
surgió todo cuanto existe.
Mi espíritu fue por el vino cautivado, hasta que fuimos uno solo,
sin que uno al otro poseyera.
Así como no hay vino sin viña, Adán es mi padre,
mas, como aun sin vino viña puede haber, tal es mi madre.
En verdad, la finura de las jarras depende de las virtudes que ­contienen,
pues éstas a aquéllas enaltecen.
Una vez ocurrida la “separación”, luego de ser ambos uno
nuestros espíritus se truecan en vino y en viñas nuestras figuras.
No hubo un “antes” que les precediera, ni tras de el hubo un “después”
siendo ellos mismos, como es la Ley, los “antes” de cada “después”.
Antes de surgir el Destino, ya su propio Destino existía
y la época de nuestros padres vino tras de él.
Tales son sus bellezas, que a los fieles arrastran a celebrar
y ¡qué bien lo hacen tanto en prosa como en verso!
Quien aún no las conoce se alegra al serle mencionadas,
tal como el amante de Un‘m hizo cuando evocaba tal nombre.
Dijeron: “bebiste el (filtro del) pecado”, a lo que respondí: ¡No!
¡Bebí sólo lo que hubiera sido pecado evitar!
Saludos cordiales dimos a las gentes del monasterio.
¿Cuántos y cuánto bebisteis? —les preguntamos—, pero ellos callaron.
Ya antes de la infancia, habitaba en mí esa embriagadora emoción,
que me acompañará por siempre, aun cuando roídos estén mis huesos.
¡Tómalo puro, pues yerras si deseas su mezcla!
¡Lo supremo sólo se encuentra en la blancura de los dientes del Amado!
¡Tómalo en la taberna! Donde en su libación
melodiosas tonadas acompañan, de esas que obtienen galardón.
Así como jamás mora el vino con el pesar,
tampoco lo hace con la aflicción el canto.
Si estando ebrio de él, la vida fuese un instante,
mirarías al tiempo como a un siervo fiel, pues tú tendrías el Poder.
No hay lugar digno en el mundo para quien vive sobrio,
pues el saber se le escapa a quien ebrio no muere.
¡Que llore pues quien desperdició su vida sin gozarle,
pues de él nada obtuvo!

                            Ibn Al-Fârid (Egipto)


Pluma abierta



Hombre con vaso de vino

Soy el bello animal enjaulado en mis huesos.
En marfiles magníficos que celosamente me custodian.

Son mi habitación privada
donde viven mezclados
los días del futuro y pequeñas
humedades de infancia;
la memoria de algo que pasó
y volverá a repetirse:
el nombre de mi muerte.

Allí acumulo mi sed y mi alegría,
mis fatigas y asombros,
mis ropajes usados,
lenguajes como fiebres incurables
y el maravilloso amor.

Esa jaula es mi pasaporte humano,
necesario.

Mi vestidura secreta,
mi desnudez total,
desconocida.

                                                         Rubén Vela (Argentina)



El vino

El vino abre las venas de la nostalgia,
hurga en los paredones nocturnos
donde aún persiste el viejo esperma
de las desconsolaciones.
pregunta si han regado las plantas
en el largo pasillo de la pensión,
desconfía de los estudiantes de medicina
que añoran las viejas estaciones ferroviarias,
aplastadas por la pobreza y el tren carguero.

El vino hace sonar las sirenas de los barcos
hundidos en las tormentas del alma,
recrea la espada filosa de la adolescencia
y enciende velas a desprestigiadas estampas religiosas.

El vino te pregunta si eres feliz, ahora.
engañado por el dueño del látigo,
si eres feliz, ahora, rebelde en recuperación.

El vino hace reír a las bellas mujeres transitorias
que inducen a creer en Dios y son ateas,
que fingen estar hechas de sueño o de distancia
y son de trapo.
El vino te remite a la esperanza de ser poeta.

El vino te provoca un largo atardecer,
cerca del mar, con ella, a solas,
sin preguntas,
sin nada más que estar viviendo,
sin saberlo,
como la cosa más natural del mundo.

                                                 Oscar Corbacho (Argentina)


Eclipse total

La luna se afila en una copa quebrada.
Lo que queda de la noche
se refleja en una botella de vino vacía
y una cama revuelta.
El verso se fue sin dejar huellas,
la puerta sin llave, los adioses mudos.

La luna se afila en una copa quebrada,
sangra un malbec su última palabra sin signos de cordura.
Todos los excesos
derramados sobre la vereda.

No hay juego de niño en sus ojos.
Un gabán abriga perfumes de mujer
que alguna vez fueron promesa de caricia.
Hoy una copa quebrada refleja
el eclipse total de un hombre.

                                                Gabriela Delgado (Argentina)


Al vino tinto

En la uva triturada por toscos pies anida
el jugo predilecto del pesar y la broma;
la humanidad lo saca del tiempo agradecida
por su especial sabor, por su brillo y aroma.
Lo consumían muchos para animar la vida:
el rojizo jarabe de Persia, Grecia y Roma.
Como esta sangre cierra todo tipo de herida,
hoy sin transfusión hasta el enfermo la toma.
Vomitada por Baco, volvió loco a Nerón
y un “vaso de bon vino” al ilustre Berceo,
para construir un verso, sirviole de armazón.
Hace que a más de un bardo, cautivo del meneo
de la pluma, le salgan rimas en aluvión
y entre sorbos navegue contra viento y mareo.

                                         Antonio Macías Luna (España)


Vino rojo

He renacido.
Comienzo por balbucear,
por renombrar las cosas.
Traigo en las venas tu rojo vino,
ese abismo que se para se mide en tiempo.
Tu mirada es un búcaro de miel
cuando me mira
tu voz es manantial, ternura que me inventa,
y este dolor que punza nostalgia de ti se llama.
No necesito más palabras.
Tus manos, musicales flores.
tus besos, fulgor en mi navío.
Mi penumbra ávida por tu sexo tiembla;
Tu entrega, calor que me mantiene húmeda.

                                                Lina Zerón (México)


El vino enamorado

He muerto, amor, y muerto me reencarné en tu vino.
Bebéte vos mi cuerpo, renaceré en tu aorta.
Qué sobrehumanamente, por Dios, ya muerto y vivo
te esperará mi espectro caliente en cada copa.
Regreso de la nada trajeado de racimos,
tangueando entre los duendes de la bodega absorta,
allí donde los dioses lo encurdan al destino
y aprendo a ser tu vino, de pie sobre tu boca.
No me llorés, no ves que voy contigo,
varón de alcohol disuelto tras tu piel,
fiebre en tus éxtasis y mismo en tus desvelos,
no llorés, que así te quiero
como nadie quiso antes.
No me llorés, bebéme!, soy tu vino
y con mi cuerpo innumerable te amaré,
pájaro líquido en la cumbre de tu carne,
ya somos uno, mi amor, besáme.
De vino soy, de vino fanático de vida,
revivo por la hermosa catástrofe de amarte,
ya muerto y muerto te amo chorreando amor, querida,
qué escándalo de labios que voy a provocarte.
Nos barajó el misterio, la dicha que no había
de fermentarme entero y ser tu mar de amantes,
desciendo a tus aljibes incógnitos de mina
y embriago, una por una, las bocas de tu sangre.
Ay, amor,
renazco en vino enamorado
y, alma mía, te emborracho
de alegría.
                                 Horacio Ferrer  (Uruguay)







jueves, 11 de julio de 2013

REUNN DE VOCES®

Revista literaria virtual Nº 14




Editorial

¿Dónde van nuestros pensamientos cuando nuestros ojos se pierden en el hechizo de un vaivén interminable? ¿Dónde puerto y dónde viaje? ¿Por qué saben a mar nuestras tristezas? Ese canto infinito nos atrapa en su sombra de barcos y sirenas.
Espejo temperamental de voz ronca y arrulladora que mece nuestros sueños y nosotros, pequeños marineros que nos entregamos a su caricia de espuma, a su orilla de oro, a la sagrada sal de su enigma.
Libre y aventurero en los pies de los pescadores, en la huella sola que se aleja sin rumbo. Abrasador y sediento ante el naufragio.
Inspirador cuando ponemos proa rumbo a su magia y nos derramamos como una ola sobre la playa de la poesía.

                                                                        Gabriela Delgado



EL MAR

Los clásicos



 El mar

NECESITO del mar porque me enseña:
no sé si aprendo música o conciencia:
no sé si es ola sola o ser profundo
o sólo ronca voz o deslumbrante
suposición de peces y navíos.
El hecho es que hasta cuando estoy dormido
de algún modo magnético circulo
en la universidad del oleaje.
No son sólo las conchas trituradas
como si algún planeta tembloroso
participara paulatina muerte,
no, del fragmento reconstruyo el día,
de una racha de sal la estalactita
y de una cucharada el dios inmenso.

Lo que antes me enseñó lo guardo! Es aire,
incesante viento, agua y arena.

Parece poco para el hombre joven
que aquí llegó a vivir con sus incendios,
y sin embargo el pulso que subía
y bajaba a su abismo,
el frío del azul que crepitaba,
el desmoronamiento de la estrella,
el tierno desplegarse de la ola
despilfarrando nieve con la espuma,
el poder quieto, allí, determinado
como un trono de piedra en lo profundo,
substituyó el recinto en que crecían
tristeza terca, amontonando olvido,
y cambió bruscamente mi existencia:
di mi adhesión al puro movimiento.

                                       Pablo Neruda (Chile)







Frente al mar
Oh mar, enorme mar, corazón fiero
De ritmo desigual, corazón malo,
Yo soy más blanda que ese pobre palo
Que se pudre en tus ondas prisionero.

Oh mar, dame tu cólera tremenda,
Yo me pasé la vida perdonando,
Porque entendía, mar, yo me fui dando:
«Piedad, piedad para el que más ofenda».

Vulgaridad, vulgaridad me acosa.
Ah, me han comprado la ciudad y el hombre.
Hazme tener tu cólera sin nombre:
Ya me fatiga esta misión de rosa.

¿Ves al vulgar? Ese vulgar me apena,
Me falta el aire y donde falta quedo,
Quisiera no entender, pero no puedo:
Es la vulgaridad que me envenena.

Me empobrecí porque entender abruma,
Me empobrecí porque entender sofoca,
¡Bendecida la fuerza de la roca!
Yo tengo el corazón como la espuma.

Mar, yo soñaba ser como tú eres,
Allá en las tardes que la vida mía
Bajo las horas cálidas se abría...
Ah, yo soñaba ser como tú eres.

Mírame aquí, pequeña, miserable,
Todo dolor me vence, todo sueño;
Mar, dame, dame el inefable empeño
De tornarme soberbia, inalcanzable.

Dame tu sal, tu yodo, tu fiereza.
¡Aire de mar!... ¡Oh, tempestad! ¡Oh enojo!
Desdichada de mí, soy un abrojo,
Y muero, mar, sucumbo en mi pobreza.

Y el alma mía es como el mar, es eso,
Ah, la ciudad la pudre y la equivoca;
Pequeña vida que dolor provoca,
¡Que pueda libertarme de su peso!

Vuele mi empeño, mi esperanza vuele...
La vida mía debió ser horrible,
Debió ser una arteria incontenible
Y apenas es cicatriz que siempre duele.
                             
Alfonsina Storni (Argentina)









Inicial

Y niño aun vi que era el mar el mismo
que miré sin mirar cuando tenía
sobre mis ojos aquel sueño vivo.

Hasta la orilla donde el mar espera
caminé jubiloso una mañana
para llenarme de su azul potencia.

Y deslumbrado vi el mar inmenso
naciendo para mí en el empuje
de su marea, su volcado cielo.

Estaba frente a mí y yo miraba
su rostro esplendoroso donde el tiempo
marcó en rápidos surcos su mudanza.

Ya nunca más se me borró la imagen
de esa vibrante fuerza que llegaba
tan dócil a mis pies, tan clara a darme
la inicial dimensión de su comarca.

                        Gloria Vega de Alba  (Uruguay)



Los mares

El mar. Chasquido breve,
muerte de adolescencia
sobre la arena tibia.
Playa.

El mar. Ámbito exacto:
allí acaba, aquí empieza,
aquí estoy yo, allí ella.
Ausencia.

El mar. Embate plano
contra rocas tajadas.
Escribe blanca espuma
en el cantil su acróstico.
Se lo descifra el viento.
Secreto.

El mar. Sal en los labios
que beso, y esa gota
que va rodando, ajena,
por mejilla sin llanto.
La sal y el agua
en el amor y en el aire.

El mar. Las rastrojeras
ardidas.
Un chopo solo y quieto.
Esqueléticos galgos
buscan agua en un cauce
seco.

                    Pedro Salinas (España)












 Alegría del mar

¡Alegría del mar! ¡Alegría del mar! ¡Alegría del mar!
Mis ojos van a estallar de júbilo!
¡Todo está empapado y agrio de espumas y de sales,
yo  voy sobre la proa profunda de peligros!
Los vientos se castigan ágiles y furiosos.
Las olas se levantan, enloquecidas, ebrias.
Rugen en el océano las entrañas amargas.

¡Ah, Libertad, palpitante, delirante, febriciente, trágica, infinita alegría de la fuerza libre!
¡Mi corazón, mira!
¡La ola golpea contra el límite!
¡El viento golpea contra el límite!

¡El mar entero y vasto golpea contra el límite!
Corazón  mío, danza sobre la nave.
¡Llora y grita, ríe y canta!

Yo aguardo el instante del prodigioso escollo
donde se estrellarán las viejas tablas. 
¡Ay, cuando mi cuerpo blanco, extenso y luminoso
vaya en las grandes olas a la orilla divina
hacía lo  inesperado de un destino más alto!

                                      Carlos Sabat Ercasty (Uruguay)


Eso niño del mar

Eso niño del mar juega con las olas
las empuja las suelta las vuelve remolino gaviota horizonte
las disfraza de arena
se esconde entre las piedras

cada día espera que asome aquel niño que vive de lo triste
aparece en el fondo de la pala vigila si la espuma escurre con la
         arena

y el niño juega con las olas

eso niño del mar

                                       Adolfo Zutel (Argentina)











Pluma abierta


Ondulas y escarceas
      tu cuerpo inmenso y soberano,
      tu cuerpo trasparente
      y sin embargo impenetrable...

      Me meces y me agredes
      con todo el enigma de tus aguas
      distintas y distantes
      y sin embargo tan cercanas
      que me llaman por mi nombre:
      “Baja, sumérgete en el cristal
      de mi cuerpo cambiante,
      ven a ver mis delfines
      y mis tiernos hipocampos,
      baila con mis pulpos y mis estrellas,
      abraza el profundo silencio
      de mis simas y mis rocas”.

      Y desde este alta mar
      que besa tu cuerpo hoy calmo
      yo dudo de continuo
      entre la tierra que me atrapa,
      el aire que me lleva,
      y el agua que me llama.

      Te digo: “espérame,
      dile a tus peces y a tus algas,
      a tus misterios insondables,
      a tus enigmas manifiestos,
      que estoy preparando mi camino
      para el último buceo”.

      Y una brisa suave y vaporosa
      acaricia tenue mis mejillas...

                                         Luis E. Prieto (España)





 Entrega de mar

¡Qué pesadumbre!
La noche enarbola
suicidios de mar
en la arena fría y callada.
Ruge un tigre de espuma
que, en rollos de aire y fuerza,
abandona secretos en la orilla
y moja…moja,
mientras explotan burbujas
que liberan su dolor
antes de morir en sus bordes.

                                             Laura Beatriz Chiesa (Argentina)



 Extranjero del mar

Extranjero del mar.
mi corazón delira
en el blanco papel como si espuma.

Adorador salar
presiento que el alba
allá lejos es sólo antigua bruma.

Tu verdor hoy lejano
es un sitio de amor
Hambriento de mojadas y claras lunas.

¿Por qué yo no, allí?
¿Qué me ata al río?
¿Qué me impide navegar con tus musas?

Ya mucha tristeza
-ahora veterana-
agravia con sus años una suma.

Es la de no haber
amado sirenas,
veleros, islas, huracanes, dunas.

Cuento mi soledad
cuando todo es poco.
El extranjero mar es una excusa.

                                   Alejandro Mauriño (Argentina)









VI. Marea alta


Gota a gota el aire se vuelve invisible
y así
frente al mar
frente a frente
siempre inmóvil
ciudad de espejos
ciudad de sombras que
desaparecen
y en un suspiro
el frío
el pasado
y en un suspiro
el olvido
solamente
recordará nuestros huesos. Punto
y aparte.

Frente al mar
todos somos alfonsinas.

                            Emmanuel Taub (Argentina)








Villa Gesell
               Estampa poética


El mar
se posa con estrépito
en una playa solitaria
sobre el cruce
de la larga caminata
un pescador
limpia su pesca del día.

En una tabla
agonizan peces plateados
y corvinas resplandecientes

A pesar del viento
y de la arena que castiga
unas gaviotas
intentan llevarse
pedazos de rojas entrañas
que el pescador
les convida muy cerca suyo

En esa inmensidad y en el frío
las gaviotas y el pescador
se acompañan.
La soledad es más llevadera.

                              Roberto Romeo Di Vita (Argentina)



 Puerto Madryn 

Arremangarse los vaqueros
que descalza
la playa se amolda
a los pies;
el mar es intratable
en la extensión fría, pero la arena
húmeda recibe
Resta un tramo de caminata
hasta los barcitos de la costa
y el mediodía invade el aire
con el olor a pescado
frito, fresco
La bajada trae
el alerta, el imprevisto
moverse de los cangrejos
y ráfagas heladas, impensables
para dormitar el cansancio;
anárquicas levantan
en la sequedad de los médanos
restellantes remolinos
Mientras encuentre plácida
esas andanadas
-se dice como quien
se mide en lo externo-
la carne no será crepuscular
La caparazón de un erizo
frágil pero intacto
toca en su bolsillo,
una mesa afuera busca, dispuesta
a la intransigencia con el viento,
servilletas para escribir
o entrar a espiraladas sensaciones
Pero todavía, no se ha ganado
ese instante de compensación
punzante o maravilloso
que traspasa la simpleza;
nada aún sino el foco
sobre algunas acciones mínimas,
accesos que tientan
rugosos paralelos
Sólo el movimiento que ablanda
y desmarca
y deja que llegue
lo real, el mediotono inoculador
de la caminata y el día,
la escalera solar por donde reptan
sus animales nocturnos
Nada sino el tiempo sorbido
en los olores
en la erosión tangible de la playa;
nada excepto el momento
en que las cosas suceden.
                                          Alicia Genovese  (Argentina)







La vida era agua

De la playa observaba las olas
Estirarse al subir la marea
Como piel oceánica cubriendo la arena
Filtrándose en ella
¡Cómo llenas de espumas fútiles
cómo fundes las livianas huellas
borrando los sueños plasmados en ellas¡

Y pensé que la vida era agua
Que movía sin son la marea
Que al llegar a la playa dormida quisiera
Descansar de ese mar que la lleva
Y quedarse varada en la orilla
Convirtiéndose en ola de seda
Recreando sus sueños de soles
Nubes blancas y luna y estrellas.
Para al fin acabar tristemente
Derrotada cual ola en la roca.
Despiadada e impávida piedra.

                                        Lucia Vilches Moya (España)