viernes, 15 de agosto de 2014

REUNIÓN DE VOCES®
Revista literaria virtual Nº 27

Editorial

Llega la hora de la mentira.
¿Cuanto hay de verdad, cuanto de mentira en cada palabra, en cada gesto?
El hombre y sus máscaras  carcome el alma con sus “verdades”.
Nos disgregamos nosotros mismos comprando aquello que necesitamos escuchar.
Justamente hoy, pensaba en tanta escenografía de cartón, en tanto abrazo que en su fondo conlleva solo interés, en tantos falsos “te quiero”, en tantas promesas vanas, en tanta apariencia o en tanta cáscara detrás de la cual solo hay ambición de poder. Tanto egoísmo dando vueltas disfrazado de prójimo.
Y también pensaba en el daño que nos ocasiona a cada uno de nosotros.
Muchas veces me pregunto como vuelcan en la poesía la mentira, aquellos que tienen ese “tercer” ojo y que se permiten mirar el tema de una forma distinta.
Los invito a pasear por esos versos, tan tangibles como la realidad misma.
                                                            
                                                                     Gabriela Delgado

LA MENTIRA


Los clásicos


Mentira

Mentira. Si lo hacía de engaños, 
y nada más. Ya está. De otro modo, 
también tú vas a ver 
cuánto va a dolerme el haber sido así. 

Mentira. Calla. 
Ya está bien. 
Como otras veces tú me haces esto mismo, 
pero yo también he sido así. 

A mí, que había tanto atisbado si de veras 
llorabas, 
ya que otras veces sólo te quedaste 
en tus dulces pucheros, 
a mí, que ni soñé que los creyeses, 
me ganaron tus lágrimas. 
Ya está. 

Mas ya lo sabes: todo fue mentira. 
Y si sigues llorando, bueno, pues! 
Otra vez ni he de verte cuando juegues.

Cesar Vallejo (Perú)




Si la verdad se vuelve una mentira...

Si la verdad se vuelve una mentira,
si se vuelve dolor la dicha aviesa,
si se vuelve alegría la tristeza
con sus falsas promesas cuando expira,

si la virtud a la cual en vano aspira
mi vida frustra la habitual promesa,
si el corazón de odio o de amor me pesa
y al helarse cual mármol, aún suspira.

Si no pude enmendarme al recibir
la ingratitud de los que más he amado
ni pude ensombrecerme al eximir

de mi cariño a los que me han colmado,
será porque los dioses me han herido
del inocente horror de haber nacido.

                                    Silvina Ocampo (Argentina)



Letania

Para los niños
mentiras.
Para el amor
mentiras.
Para los amigos
mentiras.
Para los clientes
mentiras.

Mentiras gordas o finas,
firmes o tiernas -juramentos, besos-;
vivas -cual sangre fresca-;
sabias, agradecidas.
Trolas y patrañas.
Medias mentiras.

Y mentiras históricas
que hoy achacamos a los mentirosos bisabuelos.
Mentiras literarias
-en cada verso, dos mentiras-.
Mentiras metafísicas
-el ser y el tiempo ¡rediez!-.
Mentiras técnicas, científicas:
cifras que se vuelven máquinas
y máquinas que mienten
cual leyendas locas.

Y mentiras de fe,
que son la triste gran misericordia
del cielo para los sufrientes
y míseros de la tierra;
altas mentiras fabulosas
que un día, no sé cómo,
dicen, serán certezas
(gracias, Señor, por adelantado,
a cuenta sin garantías,
por si así fuese.
¡Amén, amén, Señor!
Señor, ¿oyes el grito?

¡Para que la muerte, al rematarnos, mienta!)

                                             Pere Quart (Joan Oliver) (España)



En esta noche, en este mundo
A Martha Isabel Moia

en esta noche en este mundo
las palabras del sueño de la infancia de la muerte
nunca es eso lo que uno quiere decir
la lengua natal castra
la lengua es un órgano de conocimiento
del fracaso de todo poema
castrado por su propia lengua
que es el órgano de la re-creación
del re-conocimiento
pero no el de la resurrección
de algo a modo de negación
de mi horizonte de maldoror con su perro
y nada es promesa
entre lo decible
que equivale a mentir
(todo lo que se puede decir es mentira)
el resto es silencio
sólo que el silencio no existe
no
las palabras
no hacen el amor
hacen la ausencia
si digo agua ¿beberé?
si digo pan ¿comeré?
en esta noche en este mundo
extraordinario silencio el de esta noche
lo que pasa con el alma es que no se ve
lo que pasa con la mente es que no se ve
lo que pasa con el espíritu es que no se ve
¿de dónde viene esta conspiración de invisibilidades?
ninguna palabra es visible
sombras
recintos viscosos donde se oculta
la piedra de la locura
corredores negros
los he recorrido todos
¡oh quédate un poco más entre nosotros!
mi persona está herida
mi primera persona del singular
escribo como quien con un cuchillo alzado en la oscuridad
escribo como estoy diciendo
la sinceridad absoluta continuaría siendo
lo imposible
¡oh quédate un poco más entre nosotros!
los deterioros de las palabras
deshabitando el palacio del lenguaje
el conocimiento entre las piernas
¿qué hiciste del don del sexo?
oh mis muertos
me los comí me atraganté
no puedo más de no poder más
palabras embozadas
todo se desliza
hacia la negra licuefacción
y el perro de maldoror
en esta noche en este mundo
donde todo es posible
salvo
el poema
hablo
sabiendo que no se trata de eso
siempre no se trata de eso
oh ayúdame a escribir el poema más prescindible
el que no sirva ni para
ser inservible
ayúdame a escribir palabras
en esta noche en este mundo.

                                           Alejandra Pizarnik (Argentina)


Esta ciudad es de mentira

No puede ser.
Esta ciudad es de mentira.
No puede ser que las palmeras se doblen
a acariciar la crin de los caballos
y los ojos de las putas sean tiernos
como los de una Venus de Lucas Cranach
no puede ser que el viento levante las polleras
y que todas las piernas sean lindas
y que los consejales vayan en bicicleta
del otoño al verano y viceversa.
No puede ser.
Esta ciudad es de mentira.
No puede ser que nadie sienta rubor de mi pereza
y los suspiros me entusiasmen tanto como los hurras
y pueda escupir con inocencia y alegría
no ya en el retrato sino en un señor
no puede ser que cada azotea con antenas
encuentre al fin su rayo justiciero y puntual
y los suicidas miren el abismo y se arrojen
como desde un recuerdo a una piscina.

No puede ser.
Esta ciudad es de mentira.
No puede ser que las brujas sonrían a quemarropa
y que mi insomnio cruja como un hueso
y el subjefe y el jefe de policía lloren
como un sauce y un cocodrilo respectivamente
no puede ser que yo esté corrigiendo las pruebas
de mi propio elogiosísimo obituario
y la ambulancia avance sin hacerse notar
y las campanas suenen sólo como campanas.

No puede ser.
Esta ciudad es de mentira.
O es de verdad
y entonces
está bien
que me encierren.
                                     Mario Benedetti (Uruguay)


Verdad. Mentira

Dineros son calidad
¡Verdad!
Más ama quien más suspira
¡Mentira!

Cruzados hacen cruzados,
Escudos pintan escudos,
Y tahúres muy desnudos
Con dados ganan condados;
Ducados dejan ducados,
Y coronas majestad,
¡Verdad!

Pensar que uno sólo es dueño
De puerta de muchas llaves,
Y afirmar que penas graves
Las paga un mirar risueño,
Y entender que no son sueño
Las promesas de Marfira,
¡Mentira!

Todo se vende este día,
Todo el dinero lo iguala;
La corte vende su gala,
La guerra su valentía;
Hasta la sabiduría
Vende la Universidad,
¡Verdad!

En Valencia muy preñada
Y muy doncella en Madrid,
Cebolla en Valladolid
Y en Toledo mermelada,
Puerta de Elvira en Granada
Y en Sevilla doña Elvira,
¡Mentira!

No hay persona que hablar deje
Al necesitado en plaza;
Todo el mundo le es mordaza,
Aunque él por señas se queje;
Que tiene cara de hereje
Y aun fe la necesidad,
¡Verdad!

Siendo como un algodón,
Nos jura que es como un hueso,
Y quiere probarnos eso
Con que es su cuello almidón,
Goma su copete, y son
Sus bigotes alquitira
¡Mentira!

Cualquiera que pleitos trata,
Aunque sean sin razón,
Deje el río Marañón,
Y entre el río de la Plata;
Que hallará corriente grata
Y puerto de claridad
¡Verdad!

Siembra en una artesa berros
La madre, y sus hijas todas
Son perras de muchas bodas
Y bodas de muchos perros;
Y sus yernos rompen hierros
En la toma de Algecira,
¡Mentira!

Luis de Góngora (España)


Despecho

¡Ah, qué estoy cansada! Me he reido tanto,
tanto, que a mis ojos ha asomado el llanto;
tanto, que este rictus que contrae mi boca
es un rastro extraño de mi risa loca.

Tanto, que esta intensa palidez que tengo
(como en los retratos de viejo abolengo)
es por la fatiga de la loca risa
que en todo mi cuerpo su sopor desliza.

¡Ah, qué estoy cansada! Déjame que duerma;
pues, como la angustia, la alegría enferma.
¡Qué rara ocurrencia decir que estoy triste!
¿Cuándo más alegre que ahora me viste?

¡Mentira! No tengo ni dudas, ni celos,
Ni inquietud, ni angustias, ni penas, ni anhelos,
Si brilla en mis ojos la humedad del llanto,
es por el esfuerzo de reírme tanto...

Juana de Ibarbourou (Uruguay)


Pluma abierta

Es Mentira


Es mentira que sepa lo que quiero,
es mentira que cante por cantar,
es mentira que que sea mejor torero
con toros de verdad.
Es mentira que no tenga ambiciones,
es mentira que crezca mi nariz,
es mentira que escribo las canciones
de amor pensando en tí.
Te digo que… es mentira que fuí ladrón de bancos,
es mentira que no lo vuelva a ser,
es mentira que nos quisímos tanto
(parece que fue ayer).
Te juro que… es mentira los Reyes son los padres,
es mentira que ha muerto el rocanrol;
es mentira que sepan a vinagre
los besos sin amor.
Para mentiras las de la realidad
promete todo pero nada te da,
yo nunca de mentí
más que por verte reir.
Menos piadosas que las del corazón
son las mentiras de la diosa razón,
yo solo te conté media verdad al revés
(que no es igual que media mentira).
Es mentira que no tenga enemigos,
es mentira que no tengan razón;
es mentira que acepte que el ombligo
del mundo no soy yo.
Es mentira que nunca te he mentido,
es mentira que no te mienta más;
es mentira que un bulo repetido
merezca ser verdad.
Es una gran mentira que mientan los boleros;
non e vero que nos dieran las diez;
es mentira que sea un caballero
cuando nadie me ve.
Repito que… es mentira el cristal con que me miras;
es mentira que dude de dudar;
es mentira que más de cien mentiras
no digan la verdad.
Para mentiras las de la realidad
promete todo pero nada te da,
yo nunca de mentí
más que por verte reir.
Menos piadosas que las del corazón
son las mentiras de la diosa razón,
yo solo te conté media verdad al revés
(que no es igual que media mentira).
Mejor que yo miente la necesidad;
sabe de sobra como hacerte llorar;
mi crimen fue vestir
de azul al príncipe gris.
Mira las piernas de la desolación,
llevan las medias que rompió la pasión;
yo sólo canto en blues
del que perdió el autobús.
Los sueños dicen la verdad corazón;
dímelo todo, miénteme, por favor;
yo sólo pretendí
comer reina con alfil.
Pídele cuentas a la pura verdad
que no se pringa, que no tiene piedad;
yo sólo me colgué
medallas que no gané.

                                                Joaquín Sabina (España)


Descripción de la mentira

El óxido se posó en mi lengua como el sabor de una desaparición.
El olvido entró en mi lengua y no tuve otra conducta que el olvido,
y no acepté otro valor que la imposibilidad.

Como un barco calcificado en un país del que se ha retirado el mar,
escuché la huida de los insectos y la retracción de la sombra al ingresar en lo que queda de mí;
escuché hasta que la verdad dejó de existir en el espacio y en mi espíritu,
y no pude resistir la perfección del silencio.

                                           Antonio Gamoneda (España)


Mentira yo 

Mentira... quizás lo nuestro es una mentira,
y la luz de tus ojos sea un invento
de mi necesidad de vida, de momentos,
un capricho, una ilusión... una mentira...

Mentira que entre los dos haya un universo
donde habían dos desiertos... sin vida...
donde hoy se mecen ríos como profundos besos
y llueven sueños tantos... como sonrisas.

Mentira que tu mano se tienda sobre la mía
y que te tomen plena mis brazos, y sean guarida,
y reposen en tu voz mis miedos, mis caídas,
y descanse en tu pecho mi fe, mi fantasía.

Mentira... quizás lo nuestro es una mentira,
pero más verdad que el mundo y el sol que nos abriga,
y más cierto que el mar que hemos visto juntos
donde el placer nos dio siempre un bello amanecer... amiga.

¡Mentira! Quizás lo nuestro sea mentira,
pero dudaré aún más del aire que respiro día a día,
y de las flores que te di porque te quería...
mentira los versos, las cartas, la poesía...

Y el amanecer y el anochecer serían mentiras
porque en ellos te amé desnuda y fuiste sólo mía,
y aún más mentira yo porque te amé sin medida...
y no concibo ya vivir sin tu querer... amante amiga.

                                                       Beto Aveiga  (Ecuador)


La verdad de la mentira

Al lector se le llenaron de pronto los ojos de lágrimas,
y una voz cariñosa le susurró al oído:
-¿Por qué lloras, si todo
en ese libro es de mentira?
Y él respondió:
                    -Lo sé;
pero lo que yo siento es de verdad.

Ángel González (España)


Dame una mentira

Dame una mentira enorme, que haga temblar los pulsos de la edad
con su pisada grave y significativa,
que espante de mí los pájaros negros y los gusanos
que cosecho sin proponérmelo en la dársena del miedo
y se las arregle para hacerme creer que el hombre puede salir de sí,
ser uno con la mujer y amarla sin destruirse.
Algo que dure un momento y venga de tus labios,
para que yo me esconda y los altivos y los necios no me vean.
Detrás de esos frágiles decorados vivirá feliz y pequeñito,
lejos del tedio y de los ojos que escrutan en la noche.
Sin miedo al silencio y a las fieras,
luego que la mentira fuese pronunciada,
como por un hechizo efímero correrían los talones del infortunio
y ni él, ni la miseria, pescarían ya nada en mis sentidos embotados.
La angustia del hombre ardería como bruja-fénix
y estos ojos y estas pobres manos que rezan sin llegar
al rabo de Dios en las alturas, arrojarían al suelo,
deshecho, el viejo corazón de la amargura,
contentos en su careta nueva.
Dame una mentira enorme,
que haga girar al revés el tiempo en los relojes
y arrúllame en ella,
hasta que en mis labios aparezca
la helada sonrisa del idiota.

Luis Benítez (Argentina)


Día de calma

Quien no quiso caer en la mentira,
no sea injusto desde la verdad.
Repítelo. En un día de calma.
Aunque la mar extienda sus castigos
y el golpe solitario de los remos
se pierda entre la espuma,
como se pierde el último destello de una mano,
quiero que lo repitas: es un día de calma.
Repite que es mentira
todo lo que parece sucederte,
que las manos deshechas son mentira
y no temes el viento,
ni existen los abismos en el agua,
ni la respiración entrecortada.
Porque la piel del labio
siente una quemadura de sal y se parecen
sus latidos al odio demasiado,
repite que no sientes sus latidos.

Ya que todo se mueve, ya que el tiempo
bajo los pies se descompone y cae,
regresa hasta el lugar donde las huellas
forman parte de ti
                                como un destino
de arena que resiste en algún sitio
detrás de la ola.
¿A qué memoria perteneces? Vuelve.

Una ciudad al Sur, un gabinete
de balcones abiertos enfrente de los plátanos.
Sigues leyendo, sabes
los libros que son tuyos. Para ti las miradas
de cristal y los barcos
que navegan con pecho adolescente.
Es un día de calma.
Quiero que lo repitas desde allí,
allí, para que grabes
en la madera limpia de tus remos:
Quien no quiso caer en la mentira,
no sea injusto desde la verdad.

                                                Luis García Montero (España)

Trueno

La palabra me traga en su mentira.
Llueve silencio.
Empantanadas las letras
gritan su idioma dislocado.
Imprecisas garabatean
lícitas palabras.
No hay indulto
para el grito rebelde
que ensordece.

Trueno del infierno.

                                            Gabriela Delgado (Argentina)




domingo, 20 de julio de 2014

REUNIÓN DE VOCES®
Revista literaria virtual Nº 26



Editorial

No solo de poesía vive el hombre.
El cuerpo también necesita cuidado y alimento. Pero como somos mucho más que materia, nos las hemos ingeniado para hacer de cada comida una fiesta que provoca todos los sentidos. La comida es reunión, charla, festejo y esa sobremesa interminable. Es el preámbulo de la cocina y su alquimia de condimentos y afectos.
Este pan de cada día necesita del otro para tener sentido. Para darle su real significado. Los alimentos son una instantánea de nuestro tiempo y nuestro ánimo. Es el compartir de lo mucho o la nada que tenemos.
Es esa bendita palabra que sazona el momento. Un festín de estímulos y manos, un poema de sabores.
Y una vez más la poesía de ayer de hoy y de siempre, esperándolos, humeante, lista para ser servida.
¡¡¡Feliz día del amigo!!!!

                                                             Gabriela Delgado


LAS COMIDAS





Los clásicos



Pan
Dejaron un pan en la mesa,
mitad quemado, mitad blanco,
pellizcado encima y abierto
en unos migajones de ampo.

Me parece nuevo o como no visto,
y otra cosa que él no me ha alimentado,
pero volteando su miga, sonámbula,
tacto y olor se me olvidaron.

Huele a mi madre cuando dio su leche,
huele a tres valles por donde he pasado:
a Aconcagua, a Pátzcuaro, a Elqui,
y a mis entrañas cuando yo canto.

Otros olores no hay en la estancia
y por eso él así me ha llamado;
y no hay nadie tampoco en la casa
sino este pan abierto en un plato,
que con su cuerpo me reconoce
y con el mío yo reconozco.

Se ha comido en todos los climas
el mismo pan en cien hermanos:
pan de Coquimbo, pan de Oaxaca,
pan de Santa Ana y de Santiago.

En mis infancias yo le sabía
forma de sol, de pez o de halo,
y sabía mi mano su miga
y el calor de pichón emplumado...

Después le olvidé, hasta este día
en que los dos nos encontramos,
yo con mi cuerpo de Sara vieja
y él con el suyo de cinco años.

Amigos muertos con que comíalo
en otros valles, sientan el vaho
de un pan en septiembre molido
y en agosto en Castilla segado.

Es otro y es el que comimos
en tierras donde se acostaron.
Abro la miga y les doy su calor;
lo volteo y les pongo su hálito.

La mano tengo de él rebosada
y la mirada puesta en mi mano;
entrego un llanto arrepentido
por el olvido de tantos años,
y la cara se me envejece
o me renace en este hallazgo.

Como se halla vacía la casa,
estemos juntos los reencontrados,
sobre esta mesa sin carne y fruta,
los dos en este silencio humano,
hasta que seamos otra vez uno
y nuestro día haya acabado…

                                          Gabriela Mistral (Chile)


Oda al caldillo de congrio
En el mar
tormentoso
de Chile
vive el rosado congrio,
gigante anguila
de nevada carne.
Y en las ollas
chilenas,
en la costa,
nació el caldillo
grávido y suculento,
provechoso.
Lleven a la cocina
el congrio desollado,
su piel manchada cede
como un guante
y al descubierto queda
entonces
el racimo del mar,
el congrio tierno
reluce
ya desnudo,
preparado
para nuestro apetito.
Ahora
recoges
ajos,
acaricia primero
ese marfil
precioso,
huele
su fragancia iracunda,
entonces
deja el ajo picado
caer con la cebolla
y el tomate
hasta que la cebolla
tenga color de oro.
Mientras tanto
se cuecen
con el vapor
los regios
camarones marinos
y cuando ya llegaron
a su punto,
cuando cuajó el sabor
en una salsa
formada por el jugo
del océano
y por el agua clara
que desprendió la luz de la cebolla,
entonces
que entre el congrio
y se sumerja en gloria,
que en la olla
se aceite,
se contraiga y se impregne.
Ya sólo es necesario
dejar en el manjar
caer la crema
como una rosa espesa,
y al fuego
lentamente
entregar el tesoro
hasta que en el caldillo
se calienten
las esencias de Chile,
y a la mesa
lleguen recién casados
los sabores
del mar y de la tierra
para que en ese plato
tú conozcas el cielo.
                                    Pablo Neruda (Chile)



Epístola

Perdonad al poeta
desdoblado en gastrónomo... Mas quiero
que me digáis si allá (junto al puchero,
la fabada tal vez o la munyeta),
lograsteis decorar vuestros manteles
con blanco arroz y oscuro picadillo,
orondos huevos fritos con tomate,
el solemne aguacate
y el rubicundo plátano amarillo.
¿O por ser más sencillo,
el chicharrón de puerco con su masa,
dándole el brazo al siboney casabe
la mesa presidió de vuestra casa?
Y del bronco lechón el frágil cuero
dorado en púa ¿no alumbró algún día
bajo esos puros cielos españoles
el amable ostracismo? ¿Hallar pudisteis,
tal vez al cabo de mortal porfía,
en olas navegando,
en rubias olas de cerveza fría,
nuestros negros frijoles,
para los cuales toda gula es poca,
gordo tasajo y cristalina yuca,
de esa que llaman en Brasil mandioca?
El maíz, oro fino
en sagradas pepitas,
quizá vuestros ayunos
a perturbar con su riqueza vino.
El quimbombó africano,
cuya baba el limón corta y detiene,
¿no os suscitó el cubano
guiso de camarones,
o la tibia ensalada,
ante la cual espárragos ebúrneos,
según doctos varones,
según doctos varones en cocina,
según doctos varones no son nada?
Veo el arroz con pollo,
que es a la vez hispánico y criollo,
del cual es prima hermana
la famosa paella valenciana.
No me llaméis bellaco
si os hablo del ajiaco,
del cilíndrico ñame poderoso,
del boniato pastoso,
o de la calabaza femenina
y el fufú montañoso.
¡Basta! Os recuerdo el postre. Para eso
no más que el blanco queso,
el blanco queso que el montuno alaba,
en pareja con cascos de guayaba.
Y al final, buen remate a tanto diente,
una taza pequeña
de café carretero y bien caliente.

                                    Nicolás Guillén (Cuba)




Nanas de la cebolla

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre:
escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla:
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.

Una mujer morena,
resuelta en luna,
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso.

Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma al oírte,
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa.
Vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

La carne aleteante,
súbito el párpado,
el vivir como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!

Desperté de ser niño.
Nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne parece
cielo cernido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho.
Él, triste de cebolla.
Tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.
                                     Miguel Hernández (España)



Menú del día

1

El lunes se despierta labrador, metalúrgico,
ferroviario, bracero, pintor, oficinista;
avanza tumultuoso con todos los oficios
y simple, como un silbo, va a buscarse la vida.
Dicen que el lunes es padre. Pero también es madre.
Yo canto que también es muchacho y muchacha.
Madruga en las azules brújulas del planeta
y anda de campanero por los gallos del alba.

El lunes se conduele del que no tiene lunes,
del lunes sin semana de los desocupados,
pasa frente a sus casas como una estrella errante
donde hace cola el odio con los puños cerrados.
Yo suelo ver al lunes a eso del mediodía
en la fonda, en los bares, en las grises cantinas,
celebrando un puchero de rabo sustancioso
donde un coro de choclos sinfoniza la risa.

Pienso que si los lunes se pusieran de acuerdo,
como ya sucedió y sigue sucediendo,
todo amanecería violentamente hermoso
y en todas las cantinas cantaría el puchero.

2

Si uno ríe los martes, debe llorar los viernes
y mirarse las manos a la luz de una vela,
porque el martes, desnudo, como un niño, padece
de las admoniciones de la luna perversa.
Los martes tiene ruidos en todos los rincones
y suelen nominarse con un trece tridente,
por lo que el martes es ese muchacho de catástrofe
que rompe las ventanas de los adolescentes.

Haga el martes arroz, fideos con manteca,
una sopa liviana, churrasco vuelta y vuelta:
hay que evitar el íncubo que oficia a media noche
y las convocatorias rojas de la pimienta.

Los martes se discute. Hay plenario en la casa.
El viejo se levanta. Deja el puño en la mesa.
Sus hijos dicen: armas, dicen Che, dicen basta
y sobre nuestra bronca pasa ardiendo la huelga.
-Madre, no llore. Madre, no estamos contra el viejo.
-Estamos contra el mate del paro dominguero.
-El cree que la huelga es cosa de parar
y nosotros creemos que es pueblo en movimiento.
…
                                              Armando Tejada Gómez (Argentina)




Señora tomando sopa

Detrás del vaho blanco está el orden, la invitación o el ruego,
cada uno encendiendo sus señales,
centelleando a lo lejos con las joyas de la tentación o el rayo del peligro.
Era una gran ventaja trocar un sorbo hirviente por un reino,
por una pluma azul, por la belleza, por una historia llena de luciérnagas.
Pero la niña terca no quiere traficar con su horrible alimento:
rechaza los sobornos del potaje apretando los dientes.
Desde el fondo del plato asciende en remolinos oscuros la condena:
se quedará sin fiesta, sin amor, sin abrigo,
y sola en lo más negro de algún bosque invernal donde aúllan los lobos
y donde no es posible encontrar la salida.

Ahora que no hay nadie,
pienso que las cucharas quizás se hicieron remos para llegar muy lejos.
Se llevaron a todos, tal vez, uno por uno,
hasta el último invierno, hasta la otra orilla.
Acaso estén reunidos viendo a la solitaria comensal del olvido,
la que traga este fuego,
esta sopa de arena, esta sopa de abrojos, esta sopa de hormigas,
nada más que por puro acatamiento,
para que cada sorbo la proteja con los rigores de la penitencia,
como si fuera tiempo todavía,
como si atrás del humo estuviera la orden, la invitación, el ruego.

Olga Orozco (Argentina)



Cerezas
                       A Elizabeth

Esa mujer que ahora mismito se parece a santa teresa
en el revés de un éxtasis / hace dos o tres besos fue
mar absorto en el colibrí que vuela por su ojo izquierdo
cuando le dan de amar /
y un beso antes todavía /
pisaba el mundo corrigiendo la noche
con un pretexto cualquiera / en realidad es una nube
a caballo de una mujer / un corazón
que avanza en elefante cuando tocan
el himno nacional y ella
rezonga como un bandoneón mojado hasta los huesos
por la llovizna nacional /
esa mujer pide limosna en un crepúsculo de ollas
que lava con furor / con sangre / con olvido /
encenderla es como poner en la vitrola un disco de gardel /
caen calles de fuego de su barrio irrompible
y una mujer y un hombre que caminan atados
al delantal de penas con que se pone a lavar /
igual que mi madre lavando pisos cada día /
para que el día tenga una perla en los pies /
es una perla de rocío /
mamá se levantaba con los ojos llenos de rocío /
le crecían cerezas en los ojos y cada noche los besaba el rocío /
en la mitad de la noche me despertaba el ruido de sus cerezas creciendo /
el olor de sus ojos me abrigaba en la pieza /
siempre le vi ramitas verdes en las manos con que fregaba el día /
limpiaba suciedades del mundo /
lavaba el piso del sur /
volviendo a esa mujer / en sus hojas más altas se posan
los horizontes que miré mañana /
los pajaritos que volarán ayer /
yo mismo con su nombre en mis labios /

                                    Juan Gelman (Argentina)



Pluma abierta



La palta

De pulpa verde y untuosa
es una fruta la palta
que a mi paladar exalta
por suave, fina y cremosa.

Sobre el pan deliciosa
pero mejor ser prudente
y no hartarse de repente,
podría ser indigesta
si desmesuras su ingesta,
disfrútala sabiamente.
                                   Marina Muñoz Cervera (Alemania)


Porotos
Asamblea desnuda
de bañistas rechonchos,
nadando en crema rubia
de triturado choclo.
Llegas en primavera
viajando en plato hondo,
ufana de vapores
hecha menú de fondo.

Impúdicos piluchos,
adanes sin recato,
copulando cebollas
perejil y cilantro,
planeando el abordaje
de la fuente de asado:
¡¡Ah frescos sinvergüenzas
que se han imaginado!!

Retozando entre víboras
de tallarines gordos,
son, porotos con riendas
para apetitos de ogro,
del invierno maltrecho
el rincón más jugoso;
tina de longanizas
que transpiran en rojo.

Si fuese coronado
rey de este Chile hermoso,
príncipe de las chacras,
condottiere de rotos,
blandiría en batalla
un cucharón goloso,
luciendo como enseña
un plato de porotos
                             Antrix (Chile)


Oda a la empanada de pino

Tus bailarinas manos
amasan la harina, la manteca
junto al agua
y la blanca espuma de la leche
se mezclan entre tus dedos,
y yo junto a ti
pico la cebolla
la lleno de dulce arena blanca
la amortiguo,
la mezclo con la carne sureña y con el vino
espolvoreando la sal, el comino,
el ají de los hombres
y mujeres de la tierra,
y el horno en la sombreada pieza
llega a la graduación perfecta
y las bandejas
rebosan el sabor que viene,
entonces como una aparición
de antiguas y felices almas,
salen las pequeñas cuadraturas
calientes,
rodeadas de yema dorada
jugosas
de huevo, pasas y aceitunas,
hirviendo en la amarilla
leche cuajada,
para tu boca y la mía
para la boca del pueblo,
ávido de fiesta dominical
y de alimento.




Mongongo
Hierve la olla
su escuálida miseria
al tocar fondo
en áspero silbido

descalzo el porvenir
apura su codicia
que desde un vaho cómplice
desnuca el paladar.

Hoy habrá cena
bajo el techo de lata

catorce ojos susurran
por guardarse el sabor
para los sueños

un guiso de mondongo
pondrá luz a la noche

avergonzado
se esconderá el poema
al pie del tenedor.

Silvia Spinazzola (Argentina)




Comer lentejas

Parto cebolla y lloro
porque pensando
me olvidé de hacer el truco
para no llorar.

Parto cebolla y cavilo
disfrutaría
guisando para las dos.

Casi se me va el aceite
de hacer el sofrito
imaginando lo mucho
que te gustarían mis lentejas.

Corto los ajos
lavo el laurel
hago tiras el pimiento
lo pongo en la sartén
removiéndolo mecánicamente
mientras pienso en ti.

Mi plato bosteza en la mesa
la injusta soledad
frente al vaso
de cristal que sabe
será usado con cierta desgana
sin brindis ni por el sol
que hoy no luce.

Otra vez
se me escapa una lágrima
y no es culpa de la cebolla
que está ahí
dando vueltas en la sartén
criticando junto al
pimiento y al ajo
al tomate que
como siempre llega tarde
a punto de no poderse cocinar.

No estoy triste
no lo estoy
es nostalgia de
lo poco que necesitamos
y lo difícil que es guisar para ti
comer juntas cualquier cosa
cualquier día
incluso este pobre
plato de lentejas
en tu casa
o en la mía.



Sutil poema para recitarte en el oído mientras te cocino

El amor, locura todo.
Cabildo abierto a la dicha.
Sensible lluvia imaginaria de pétalos.
Rocío en tu voz.
Blanca oscuridad / Ópalo radiante.
Me encantaría rebozarte vuelta y vuelta
y comerte a caballo,
milanesa.                
El aceite está caliente.
Quema.
La sartén se toma por el mango.
Se pincha suavemente
con el tenedor
y se acaricia un buen bocado
con el afilado extremo del cuchillo.

Marcos Bauzá (Argentina)



Ensalada de frutas

Rodaja de naranja,
rodaja de limón,
pétalos de azucenas
de delicado olor.

Trocitos de ciruelas,
bolitas de melón,
hojas de hierbabuena,
pipas de girasol.

Virutas de manzana,
gotitas de mentol,
cristalitos de pera
y de melocotón.

Serpentina de fresa
como un tirabuzón,
flores de mango y piña,
cintas de tornasol.

Uvas de moscatel,
cerezas de charol;
y caramelo líquido
formando un corazón.

En copa de cristal,
sombrilla de Japón,
una bengala lanza
un fuego de color.

Manuel Jurado (España)