sábado, 14 de junio de 2014

REUNIÓN DE VOCES®

Revista literaria virtual Nº 25



Editorial

Tal vez la locura sea una perturbación patológica de las facultades mentales o solo una acción poco prudente, insensata, sin razonamiento, sin juicio.
Muchos consideran que es un comportamiento opuesto a las normas sociales establecidas.
Etimológicamente hablando, locura significa desviado del surco recto.
Dadas estas definiciones, ningún hombre en el mundo puede escapar a ser incluido en el mundo de los locos.
Locos aquellos que vuelan tras sus ideales, los que desmayan de amor, los que no pueden o quieren cargar con sus dolores y no se encuentran en el espejo.
Los que pierden su nombre en la indiferencia, los que les dan batalla a los molinos de viento o se blindan el alma par escapar de las realidades que lastiman.
Por último, la locura de los poetas, esos “desquiciados” de la palabra que pueden embellecer la más dura verdad con su canto.

                                                             Gabriela Delgado



LA LOCURA



Los clásicos

Cada día, cada noche

Cada día
me levanto sin nombre,
y en la nuca
una sombra
tenaz, ajena, a filo,
me acusa desde siempre;
y la culpa
total, indescifrable,
entera, me usurpa,
no sé quién soy, me oculto, huyo,
y me pierdo extranjera.
Hasta sentir,
cada noche,
una luz
fiel, entrañable, mansa,
que vuelca desde siempre
río, libélulas, sol, trébol
en mi cabeza más lejana,
y le apoya
alguna, aquella mano;
y cuando empiezo a recordarme,
un ruido sucio, espeso,
de sombra,
se interpone en la nuca
y despierto
sin nombre.

                                     Amelia Biagioni (Argentina)

Los locos

A los locos no nos quedan bien los nombres.

Los demás seres
llevan sus nombres como vestidos nuevos,
los balbucean al fundar amigos,
los hacen imprimir en tarjetitas blancas
que luego van de mano en mano
con la alegría de las cosas simples.

Y qué alegría muestran los Alfredos, los Antonios,
los pobres Juanes y los taciturnos Sergios,
los Alejandros con olor a mar!

Todos extienden, desde la misma garganta con que cantan
sus nombres envidiables como banderas bélicas,
tus nombres que se quedan en la tierra sonando
aunque ellos con sus huesos se vayan a la sombra.

Pero los locos, ay señor, los locos
que de tanto olvidar nos asfixiamos,
los pobres locos que hasta la risa confundimos
y a quienes la alegría se nos llena de lágrimas,
cómo vamos a andar con los nombres a rastras,
cuidándolos,
puliéndolos como mínimos animales de plata,
viendo con estos ojos que ni el sueño somete
que no se pierdan entre el polvo que nos halaga y odia?

Los locos no podemos anhelar que nos nombren
pero también lo olvidaremos.

                                               Roque Dalton (El Salvador)

El canto del cisne

Demencia:
el camino más alto y más desierto.

Oficio de las máscaras absurdas; pero tan humanas.
Roncan los extravíos;
tosen las muecas
y descargan sus golpes
afónicas lamentaciones.

Semblantes inflamados;
dilatación vidriosa de los ojos
en el camino más alto y más desierto.

Se erizan los cabellos del espanto.

La mucha luz alaba su inocencia.

El patio del hospicio es como un banco
a lo largo del muro.

Cuerdas de los silencios más eternos.

Me hago la señal de la cruz a pesar de ser judío.

¿A quién llamar?
¿A quién llamar desde el camino
tan alto y tan desierto?

Se acerca Dios en pilchas de loquero,
y ahorca mi gañote
con sus enormes manos sarmentosas;
y mi canto se enrosca en el desierto.

¡Piedad!

                                       Jacobo Fijman (Moldavia-Argentina)

Yo sé…

Yo sé que de la saliva de aquel loco
brotó el ramo rojo de rosas,
brotaron las constelaciones,
el aéreo andar
que redime la planta encanecida.

¿Por qué la cruz se parece a una estrella?
¿Por qué el polvo me invita
en medio de la noche esplendorosa
y cuando nos parecemos al Oculto,
los coquíes,
en su pulso virtual del acto,
apagan todo mar enamorado?

Hay algo en el mundo que no cesa.
Tal vez el diapasón en desvarío,
la rosa que es eterna en el instante,
el peregrino que cesa por amor
hacia el otro que sube
en su fatal domingo de inocencia.

Yo no puedo
esperar
la palabra,
ser el maestro loco que afina el horizonte.

(Cristo viene y me trae
el rosal).

Lo entrego al Dirigente del rocío,
al fundador del alba
en la isla de todas las reconciliaciones.


                                                 Francisco Matos Paoli (Puerto Rico)


Pero ya no hay locos

Ya no hay locos, amigos, ya no hay locos.
Se murió aquel manchego, aquel estrafalario fantasma del desierto y...
ni en España hay locos.
Todo el mundo está cuerdo, terrible, monstruosamente cuerdo.
Oíd... esto,
historiadores... filósofos... loqueros...
Franco... el sapo iscariote y ladrón en la silla del juez repartiendo castigos y premios,
en nombre de Cristo, con la efigie de Cristo prendida del pecho,
y el hombre aquí, de pie, firme, erguido, sereno,
con el pulso normal, con la lengua en silencio,
los ojos en sus cuencas y en su lugar los huesos...
El sapo iscariote y ladrón repartiendo castigos y premios...
y yo, callado, aquí, callado, impasible, cuerdo...
¡cuerdo!, sin que se me quiebre el mecanismo del cerebro.
¿Cuándo se pierde el juicio? (yo pregunto, loqueros).
¿Cuándo enloquece el hombre? ¿Cuándo, cuándo es cuando se enuncian los conceptos
absurdos y blasfemos
y se hacen unos gestos sin sentido, monstruosos y obscenos?
¿Cuándo es cuando se dice por ejemplo:
No es verdad. Dios no ha puesto
al hombre aquí, en la Tierra, bajo la luz y la ley del universo;
el hombre es un insecto
que vive en las partes pestilentes y rojas del mono y del camello?
¿Cuándo si no es ahora (yo pregunto, loqueros),
cuándo es cuando se paran los ojos y se quedan abiertos, inmensamente abiertos,
sin que puedan cerrarlos ni la llama ni el viento?
¿Cuándo es cuando se cambian las funciones del alma y los resortes del cuerpo
y en vez de llanto no hay más que risa y baba en nuestro gesto?
Si no es ahora, ahora que la justicia vale menos, infinitamente menos
que el orín de los perros;
si no es ahora, ahora que la justicia tiene menos, infinitamente menos
categoría que el estiércol;
si no es ahora... ¿cuándo se pierde el juicio?
Respondedme loqueros,
¿cuándo se quiebra y salta roto en mil pedazos el mecanismo del cerebro?
Ya no hay locos, amigos, ya no hay locos. Se murió aquel manchego,
aquel estrafalario fantasma del desierto
y... ¡Ni en España hay locos! ¡Todo el mundo está cuerdo,
terrible, monstruosamente cuerdo! ...
¡Qué bien marcha el reloj! ¡Qué bien marcha el cerebro!
Este reloj..., este cerebro, tic-tac, tic-tac, tic-tac, es un reloj perfecto...
perfecto, ¡perfecto!


                                                       León Felipe (España)

Un loco

Es una tarde mustia y desabrida 
de un otoño sin frutos, en la tierra 
estéril y raída 
donde la sombra de un centauro yerra. 
Por un camino en la árida llanura, 
entre álamos marchitos, 
a solas con su sombra y su locura 
va el loco, hablando a gritos. 
Lejos se ven sombríos estepares, 
colinas con malezas y cambrones, 
y ruinas de viejos encinares, 
coronando los agrios serrijones. 
El loco vocifera 
a solas con su sombra y su quimera. 
Es horrible y grotesta su figura; 
flaco, sucio, maltrecho y mal rapado, 
ojos de calentura 
iluminan su rostro demacrado. 
Huye de la ciudad... Pobres maldades, 
misérrimas virtudes y quehaceres 
de chulos aburridos, y ruindades 
de ociosos mercaderes. 
Por los campos de Dios el loco avanza. 
Tras la tierra esquelética y sequiza 
?rojo de herrumbre y pardo de ceniza? 
hay un sueño de lirio en lontananza. 
Huye de la ciudad. ¡El tedio urbano! 
?¡carne triste y espíritu villano!?. 
No fue por una trágica amargura 
esta alma errante desgajada y rota; 
purga un pecado ajeno: la cordura, 
la terrible cordura del idiota.


                                        Antonio Machado
(España)

Una hora de locura y de dicha

¡Una hora de locura y de dicha! ¡Oh, locura furiosa, no me
encierres!
(¿Qué será esto que me desata en tormentas?
¿Qué significan mis gritos entre relámpagos y huracanes?)
¡Oh, beber los delirios místicos más hondamente que cualquier otro!
¡Oh, los salvajes y tiernos dolores! (Hijos míos, os los dejo en herencia,
Yo tengo mis razones para contarlos, hombre y mujer.)

¡Oh, entregarme a ti, quienquiera que seas, y que tú te entregues
a mí a despecho del mundo!
¡Oh, regresar al Paraíso! ¡Oh, pudorosa y femenina!
¡Oh, atraerte a mí, o hacer que sientas por primera vez el beso de un hombre!
¡Oh, el enigma, el enigma triple, el estanque oscuro y profundo,
desatados e iluminados!
¡Oh, volar a la región en la que hay por fin espacio y aire
suficientes!

Librarse de previas ataduras y convenciones, yo de las mías,
tu de las tuyas,
¡Descubrir una nueva indolencia insospechada en lo mejor
de la Naturaleza!
¡Librarme, al fin, de la mordaza!
Sentir, hoy o cualquier otro día, que me basto tal como soy.

¡Oh, algo no demostrado! ¡Oh, algo en un sueño!
¿Escapar de las anclas y de las trabas de los demás!
¡Avanzar libremente! ¡Amar libremente! ¡Lanzarme temerario
y peligroso!
¡Desafiar a la destrucción con burlas y con invitaciones!
¡Ascender, llegar al cielo del amor para mí prefijado!
¡Elevarme allí con mi alma embriagada!
¡Perderme si es preciso!
¡Colmar el resto de mi vida con una hora de locura y de libertad!
¡Con una breve hora de locura y de dicha!

                                      Walt Whitman (Estados Unidos)

Pluma abierta


Locos por un día

Hoy tengo ganas de pintarme con estrellas,
de ser la mujer invisible,
tengo miedo de la gente cuerda
que trepa escaleras mecánicas
adentro de sus trajes de oficina,
para ellos despegar los pies de la tierra
siempre despertó sospechas,
y yo, yo estoy volando alto,
- ¡Bienvenida locura!,
entremos en los subterráneos de Buenos Aires,
para maquillar las miradas de cartón,
repartamos sombreros de amapolas,
tiremos serpentinas de color,
hagamos un baile con la gente cuerda,
con tanta cordura aprisionada,
¡no te detengas, locura!, ven conmigo,
dejemos que hoy,
todos estén bajo sospecha.

                                         Marta Lía Brossa (Argentina)

Balada para un loco


Las tardecitas de Buenos Aires tienen ese qué sé yo, ¿viste? Salís de tu casa, por Arenales. Lo de siempre: en la calle y en vos. . . Cuando, de repente, de atrás de un árbol, me aparezco yo. Mezcla rara de penúltimo linyera y de primer polizonte en el viaje a Venus: medio melón en la cabeza, las rayas de la camisa pintadas en la piel, dos medias suelas clavadas en los pies, y una banderita de taxi libre levantada en cada mano. ¡Te reís!... Pero sólo vos me ves: porque los maniquíes me guiñan; los semáforos me dan tres luces celestes, y las naranjas del frutero de la esquina me tiran azahares. ¡Vení!, que así, medio bailando y medio volando, me saco el melón para saludarte, te regalo una banderita, y te digo...
Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao...
No ves que va la luna rodando por Callao;
que un corso de astronautas y niños, con un vals,
me baila alrededor... ¡Bailá! ¡Vení! ¡Volá!
Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao...
Yo miro a Buenos Aires del nido de un gorrión;
y a vos te vi tan triste... ¡Vení! ¡Volá! ¡Sentí!...
el loco berretín que tengo para vos:
¡Loco! ¡Loco! ¡Loco!
Cuando anochezca en tu porteña soledad,
por la ribera de tu sábana vendré
con un poema y un trombón
a desvelarte el corazón.
¡Loco! ¡Loco! ¡Loco!
Como un acróbata demente saltaré,
sobre el abismo de tu escote hasta sentir
que enloquecí tu corazón de libertad...
¡Ya vas a ver!
Salgamos a volar, querida mía;
subite a mi ilusión super-sport,
y vamos a correr por las cornisas
¡con una golondrina en el motor!
De Vieytes nos aplauden: "¡Viva! ¡Viva!",
los locos que inventaron el Amor;
y un ángel y un soldado y una niña
nos dan un valsecito bailador.
Nos sale a saludar la gente linda...
Y loco, pero tuyo, ¡qué sé yo!:
provoco campanarios con la risa,
y al fin, te miro, y canto a media voz:
Quereme así, piantao, piantao, piantao...
Trepate a esta ternura de locos que hay en mí,
ponete esta peluca de alondras, ¡y volá!
¡Volá conmigo ya! ¡Vení, volá, vení!
Quereme así, piantao, piantao, piantao...
Abrite los amores que vamos a intentar
la mágica locura total de revivir...
¡Vení, volá, vení! ¡Trai-lai-la-larará!
¡Viva! ¡Viva! ¡Viva!
Loca ella y loco yo...
¡Locos! ¡Locos! ¡Locos!
¡Loca ella y loco yo!

                                            Horacio Ferrer (Uruguay)


Andamios

Trepo a los andamios de la locura
a su alto mirar
desde ese niño tornasol
que grita por salir en todas las páginas
de lo espontáneo
Subo hasta la risa reparadora
hasta la elástica pintura de los gestos
Me arrimo a la fachada de esta casa
vuelco en ella todas las luces
y todos los asombros
Una fiesta de disfraces
se proyecta de cuerpo entero
en cada grieta
en cada mancha
y van surgiendo niños desde las paredes
niños locos
que en sus manos preservan
ese color
que alguna vez olvidamos

Juany Rojas (Chile)



Resistamos

resistamos
en todas las esquinas resistamos
bajo la lluvia o las balas
contra la tumba diabólica
contra los enquistados y el poder
aunque quemen los ojos y fusilen por mayor

resistamos con la palabra
                 con la pluma y el alarido
                 con el alma y la razón
resistamos pájaros en mano
con canciones de otoños y encrespadas nubes
en los ríos y avenidas
en los puertos o mar adentro

resistamos hermanos
 resistamos
  resistamos el pié que aplasta
          la mano que señala
            la otra con el puñal en alto
              la cachetada de hielo
                la maldición de los energúmenos

con volcanes en la mirada
 con abrazos huracanados (abrazándonos)
  con las espaldas erguidas
   con la piel transparente
    con la sangre bien roja

resistamos esta muerte con nombre y apellido
          estos inviernos autoritarios
              estos engendros miserables
resistamos
  resistamos hermanos que pronto saldremos

y resistieron
  y salieron
   y a los gritos pidieron volver
     y volvieron
      y el loquero quedó nuevamente en paz

                                 Francisco José Malvárez (Argentina)


La loca

Tengo síntomas que agravan las palabras. Cambio los cubiertos, altero al invitado. Soy la que quiere saber qué es lo que sigue cuando todos se levantan de la mesa, la que escribe sin puntos, la que arrastra los besos de un recuerdo que olvida. La reina, la amante, la que no tiene sitio, la que no busca quicio. Una lengua ungida por su cuerpo. La que empuja con saliva el mar.

                                                 Mónica Melo (Argentina)


Punto sombrío

Mente. Belleza compleja y desafiante
en permanente adopción
de un cuerpo.
Nativos del pensamiento
se ahuecan asustados por el contorno
de mis ojos.
Situación limite. Llegó el punto cero
y vació mis recuerdos.
Poco a poco el frío intenso
y desalineado del miedo gira en el espacio,
y me introduce hacia la minúscula célula agrietada.
Siluetas expectantes y enigmáticas,
me esperan,
me envuelven entre sombras y lágrimas rosadas.
Tapo con mis manos
una luna ausente,
quebrando los muros de mi cordura,
mientras mis pies descalzos y sangrantes
ascienden como alfombra roja en el aire,
hacía la majestuosa atmósfera
de la locura.

                               Mary Acosta (Argentina)


Síntomas

A un paso del borde
Sentimiento de liviandad.

A centímetros de la pared
Alas de libertad.

Piden silencio,
grito.
Piden calma,
grito.

A minutos de la muerte
Vicios de eternidad.

Ante el borde,
salto.
Frente a la pared,
choco.

Y golpeo

Son sólo otros síntomas
del desborde.

                                   Pablo Daniel Ovin (Argentina)






sábado, 10 de mayo de 2014

REUNIÓN DE VOCES®

Revista literaria virtual Nº 24


Editorial

Desde que el hombre tiene memoria, uno de sus grandes asombros ha sida la luna. Ese rostro de la noche que por momentos nos sonríe y por momentos nos da la espalda. Ese farol donde depositamos sueños, deseos, tristezas. Allí donde Antoine de Saint-Exupéry se guareció de la oscura la Patagonia argentina. Silenciosa y lenta, nos envuelve en su magia, nos canta su canción de nostalgias.

Esa luna espeja nuestro anhelo de volar todos los misterios y nos envuelve es su gélido fuego. Ese ser calendario que marca los ciclos de la tierra, el mar y la vida.

La misma que inspira canciones y ha dado lugar a tanta poesía.

Festejando los dos primeros años de esta revista, alunezco en bellas palabras vertidas por tantos poetas.


                                                             Gabriela Delgado


 LA LUNA


Los clásicos


Canto XIV: A la luna

Oh tú, graciosa luna, bien recuerdo
que sobre esta colina, ahora hace un año,
angustiado venía a contemplarte:
y tú te alzabas sobre aquel boscaje
como ahora, que todo lo iluminas.
Mas trémulo y nublado por el llanto
que asomaba a mis párpados, tu rostro
se ofrecía a mis ojos, pues doliente
era mi vida: y aún lo es, no cambia,
oh mi luna querida. Y aún me alegra
el recordar y el renovar el tiempo
de mi dolor. ¡Oh, qué dichoso es
en la edad juvenil, cuando aún tan larga
es la esperanza y breve la memoria,
el recordar las cosas ya pasadas,
aun tristes, y aunque duren las fatigas!

                                  Giacomo Leopardi (Italia)



La blanca soledad

Bajo la calma del sueño,
calma lunar, de luminosa seda,
la noche
como si fuera
el blando cuerpo del silencio,
dulcemente en la inmensidad se acuesta.
Y desata
su cabellera
en prodigioso follaje
de alamedas.

Nada vive sino el ojo
del reloj en la torre tétrica,
profundizando inútilmente el infinito
como un agujero abierto en la arena.
El infinito,
rodado por las ruedas
de los relojes,
como un carro que nunca llega.

La luna cava un blanco abismo
de quietud, en cuya cuenca
las cosas son cadáveres
y las sombras viven como ideas.
Y uno se pasma de lo próxima
que está la muerte en la blancura aquella,
de lo bello que es el mundo
poseído por la antigüedad de la luna llena,
y el ansia tristísima de ser amado
en el corazón doloroso tiembla.

Hay una ciudad en el aire,
una ciudad casi invisible suspensa,
cuyos vagos perfiles
sobre la clara noche transparentan,
como las rayas de agua en un pliego,
su cristalización poliédrica.
Una ciudad tan lejana,
que angustia con su absurda presencia.

¿Es una ciudad o un buque
en el que fuésemos abandonando la tierra,
callados y felices
y con tal pureza,
que sólo nuestras almas
en la blancura plenilunar vivieran?

Y de pronto cruza un vago
estremecimiento por la luz serena.
Las líneas se desvanecen,
la inmensidad cámbiase en blanca piedra,
y sólo permanece en la noche aciaga
la certidumbre de tu ausencia.

Leopoldo Lugones (Argentina)


He venido por la senda

He venido por la senda
con un ramito de rosas
del campo.
Tras la montaña
nacía la luna roja;
la suave brisa del río
daba frescura a la sombra;
un sapo triste cantaba
en su flauta melodiosa;
sobre la colina había
una estrella melancólica…
he venido por la senda
con un ramito de rosas.

Juan Ramón Jiménez (España)



En el majestuoso conjunto de la creación,
nada hay que me conmueva tan hondamente,
que acaricie mi espíritu  y
dé vuelo desusado a mi fantasía  como la luz
apacible y desmayada de la luna.

Gustavo Adolfo Bécquer (España)




Hay paz para los sentidos,
Una paz soñadora en cada mano,
Y profundo silencio en la tierra fantasmal,
Profundo silencio donde las sombras cesan.

Sólo el grito que el eco hace chillido
De algún ave desconsolada y solitaria;
La codorniz que llama a su pareja;
La respuesta desde la colina en brumas.

Y súbitamente, la luna retira
Su hoz de los cielos centelleantes
Y vuela hacia sus cavernas sombrías
Cubierta en velo de gasa gualda.

Oscar Wilde (Irlanda)



A la luna: Preguntas

¿Adónde vas, cruzada por veloces
nubes, celada en vaporoso encaje
de nubes, resbalando entre un celaje
de nubes blancas, por las hondas hoces
de la distante noche? ¿Qué almos roces
de Dios ordenan tu impasible viaje
por el inmenso azul? ¿Tras qué ramaje
de estrellas bogas? ¿Qué silentes voces
altísimas escuchas? ¿Por qué tienes
el rostro virginal tan encendido,
tan dulce y triste, oh sí, tan dulce y triste?
¿Adónde vas? ¿De qué regiones vienes?
¿ Quién da a tu rostro ese celeste olvido?
¿Qué Dios sin fuego con su luz te viste?

Vicente Gaos (España)


La luna de Enero

El prado está sin verdura,
Y los jardines sin flores,
No cantan los ruiseñores
Amores en la espesura.

No se oye el dulce murmullo
Del viento, que ronco brama,
No brota en la seca rama
Tierno y pintado capullo.

No saltan serenas fuentes
Por entre sutiles bocas,
Que ruedan desde las rocas,
En vez de arroyos, torrentes.

La luz que los aires puebla
Pesada, amarilla y tarda,
Se pierde en la sombra parda
De la perezosa niebla.

Se viste el color del cielo
Color de los funerales,
Y son del alba cristales
Los carámbanos de hielo.

Brota a los rudos estragos
Con que el invierno la abruma,
La tierra nieblas y lagos,
El mar montañas de espuma.

Y hacinados de ancha hoguera
Los hombres en derredor,
Contemplan el resplandor
Que asalta la azul esfera.

Y baja amarillo el río,
Y entre sus ondas pesadas
Trae las ramas desgajadas
Al furor del cierzo impío.

Mas la noche silenciosa
Por el firmamento sube,
Sin que la manche una nube,
Engalanada y vistosa.

Que en vez de sombra importuna
Vienen siguiendo sus huellas
Mil ejércitos de estrellas,
Cortesanas de la luna.

Que la noche, en recompensa,
Callando los vendavales,
Enciende sus mil fanales
Sobre la atmósfera inmensa.

¡Qué bella es la luz de plata
Con que la noche se viste
Después del día más triste
De la estación más ingrata!

Se ven en la oscuridad,
Como soldados que velan,
Cuál con la lluvia riëlan
Las torres de la ciudad.

Se sienten rodar inquietas,
Lanzando un grito violento
Al brusco empuje del viento,
Sobre el punzón las veletas.

Y en las mansiones vecinas
Los vidrios de las ventanas
Remedan las luces vanas
Colgadas en las esquinas.

No hay sombra en que no veamos
Alguna fantasma oculta,
Que porque más la temamos,
La noche la sombra abulta.

Pues por completa ilusión
La noche miente tan bien,
Que las cosas que se ven
No son las cosas que son.

El aire cristales miente,
Plata los pliegues del río,
Lluvia de ámbar el rocío,
Nácar y perlas la fuente.

Y alza a lo lejos el monte,
Como filas de soldados,
Mil peñascos apiñados
Que guardan el horizonte.

¡Bello es entonces cantar
Con enamorado acento,
Versos que cruzan el viento
Para nacer y expirar!

Bello es en la sombra oscura
Ver una ondulante falda,
Y adivinar una espalda
Sobre una esbelta cintura.

Pensar un velo sutil
Ocultar un blanco cuello,
Y buscar detrás de aquello
Un elegante perfil.

Y alcanzar por entre el velo
Dos ojos o dos centellas,
Que iluminan como estrellas
El espacio de aquel cielo.

Hasta la misma amargura
Es tal vez menos amarga,
Que cuanto la noche alarga
Adquiero más hermosura;

Que en una noche tranquila
Parece el cielo, en verdad,
Ojo de la eternidad,
Y la luna su pupila.

Reina de los astros,¡Luna!,
Como tu luz no hay ninguna;
Si el alba tiene arrebol,
Si tiene rayos el sol,
Su luz de fuego importuna.

Cansa por cierto ese ardor
Con claridad tan extrema;
Bello es del alba el color,
Bello del sol el calor,
Pero tanta lumbre quema.

¡Oh, de la tuya templada
Es fantástico el imperio!
Tú con tu luz plateada
Das de la sombra a la nada
Los contornos del misterio.

¡Oh noches encantadoras,
Volved con tanta riqueza!
¡Hermosas son vuestras horas,
Que embellecen seductoras
Del ánima la tristeza y
Como aquéllas ¡no hay alguna;
Que en vez de sombra importuna
Traen por orgullo con ellas
Mil ejércitos de estrellas
Cortesanas de la luna.

José Zorrilla (España)


Pluma abierta


la luna no dijo nada
la estrella no dijo nada
el cuenco de la noche
calla en mis manos
amor ¿amor?
decía mirando esa agua muda

                      María Julia De Ruschi (Argentina)


Luna Esquiva

Esa luna oculta entre las nubes
fue la apertura
a nuevos derroteros
Esa nube cargada
con el peso del eclipse
migro
nos dejo cúmulos y lluvias
aguas de abundancia
que alejan la sequía
Anoche entre sombras
deje que la luna
Bañara mi rostro
el bochorno fue tras Ella
mientras la madrugada
acariciaba con los sueños 
todos mis pesares

                                             Héctor Kairuz (Colombia)



La luna nos buscó desde la alameda…

La luna nos buscó desde la almena,
cantó la acequia, palpitó el olvido.
Mi corazón, intrépido y cautivo,
tendió las manos, fiel a tu cadena.

Qué sábanas de yerba y luna llena
envolvieron el acto decisivo.
Qué mediodía sudoroso y vivo
enjalbegó la noche de azucena.

Por las esquinas verdes del encuentro
las caricias, ansiosas, se perdían
como en una espesura, cuerpo adentro.

Dios y sus cosas nos reconocían.
De nuevo giró el mundo, y en su centro
dos bocas, una a una, se bebían.

Antonio Gala Velasco (España)



La luna
                                                 Caduto lo splendor che all’occidente
                                                             Inargentava della notte il velo
                                                                   Giacomo Leopardi, “Il tramonto della luna”.

Caído el sol detrás de las ventanas,
el niño de la calle sube la escalera de la torre
para ver de cerca a la luna, ese pecho blanco
que lo amamantaba en su lecho de pobre.
Habitante solitario de una ruina urbana
sus padres “de vacaciones” (él en la cárcel,
ella en el prostíbulo), quiere subir al último piso
y contemplar de frente la ciudad del ruido.
Pero al mirar la cara sangrienta de la luna
mirarlo desde un espejo en la penumbra,
en su blancura ve aparecer un cuerpo negro
más oscuro que la oscuridad: una tortuga marina.
Y luego otra, otra, hasta llegar a siete,
andando todas lentas por la playa,
como lágrimas en los ojos,
como haciendo nidos en la luna ignota.
Oh, Medusa del cielo,
oh, luna decapitada,
qué maravilla ver tortugas
en tu cara blanca.

Homero Aridjis (México)



La luna tropieza en la medianoche

está tan torpe hoy
que no muestra
su velo ni su anillo.
Sabe acaso
que ando poco por aquí
por el labio de las luces
su orilla en fuga
entre sueños sin nombre.
Sabe también
que cada tanto guardo mi estocada
los ojos del tigre
mi oleaje.
Ambos sabemos que esto
tal vez sea un hueco pasajero
y luego en la madrugada
llenaremos las copas
hasta ver juntos
algún milagro en pie.

Alfredo Palacio (Argentina)



La luna

Lo curioso es que se nos haya desprendido
que flote
que haya preferido ese abandono

A nosotros nos gusta porque está vacía y en silencio
porque podemos usarla para un montón de cosas y se mantiene imperturbable
porque es comodín de los paisajes y aparece en cualquier página montada sobre un río sobre un cerro detrás de los árboles o a través de una ventana

Pero los diarios informan a qué hora sale y a qué hora se pone y lo ignoramos para leer otras noticias

Lo curioso es que se haya ido de la tierra
y que se quede ahí
reafirmando que carece de conciencia
que no tome distancia de abusos y adjetivos
que se traslade
ajena y lenta
como si aquella voluntad propia de soltarse hubiera resultado suficiente para quedar a salvo de los enamorados
por ejemplo
de los poetas
por ejemplo
de los folcloristas de los brujos de Beethoven y de Amstrong
y de los meteorólogos
como para no morir de aburrimiento mientras decimos y decimos que brilla y es plateada en vez de concebir que le han prestado luz
para no sentirse hastiada harta empalagada saturada de que la gastemos con nuestra convicción de pertenencia
para que no la inquiete en absoluto nada de lo que decimos

Nos gusta porque cambia
porque llena finita o escondida permite fantasías múltiples como lobizones rituales profecías lluvias o embarazos
Incluso nacimientos
Hasta cálculos con las mareas
Porque hasta los sapos le cantan
(y quien no la incluya en un poema o estribillo no parece humano ni sensible)
Todo el mundo le canta
Todo el mundo le adiciona fases períodos metáforas ocasiones trances y poderes
Aseguran que influye que ilumina que seduce que cautiva que guarda los secretos
Es más
en algunas osadías literarias la hemos escuchado conversar o presentarse en un momento culminante

Hay quienes la ocupan figuradamente para estar distraídos (la de Valencia dicen)
Eso sí
en sentido literal fue visitada cuarenta años atrás
y resultó tan fría y desolada que no volvimos nunca

De modo que la dejamos así
que permanezca
colgada
pacífica
indiferente a las visitas
que la vuelvan un lugar común ya que no puede ser lugar para la vida
que la vuelvan tema de poesía ya que no sirve para más
ni para nada
que la designen elemento de consumo ya que hablar y mirarla es lindo y gratis por ahora
que siga asomada en todas partes porque total es inocua y adaptable
y que a los malhumorados los tilden de lunáticos y alguna otra paradoja


Pero lo curioso es ese tema de la fuga
esa decisión inteligente

esa libertad

eso
de ser un fragmento separado

algo diferente
lejano
invulnerable
desierto
sereno
puro

a resguardo del hombre

                                                  Laura Massolo (Argentina)


Luna llena

Sobre el rasguño del horizonte
aparece, enorme,
la granadina naranja.

Es hermana de las pulsaciones
que rumorea, polifónico, el planeta.
Es un boceto siempre inabarcable
en la ironía de la pertenencia

La luna llena se ha aparecido
otra vez
abotonando el cielo y el territorio
prestado a los hombres.

                                           Cecilia Glanzmann (Argentina)

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